El pacto de socios es el documento que evita la mayoría de los conflictos societarios que llegan a nuestro despacho. Se firma cuando todo va bien y sirve, precisamente, para el día en que deje de ir bien: una salida, una discrepancia sobre la estrategia o la entrada de un inversor.
Lo primero es fijar cómo se toman las decisiones. Las mayorías reforzadas para ciertos acuerdos y un mecanismo de desbloqueo evitan que la sociedad quede paralizada cuando dos socios al 50% no se ponen de acuerdo.
Lo segundo es la salida. Conviene pactar de antemano cómo se valoran las participaciones, qué plazos hay para el derecho de adquisición preferente y qué ocurre si un socio deja de trabajar en la empresa.
Y lo tercero, la dedicación y la no competencia. Un socio que se marcha y monta la misma actividad al lado puede hacer más daño que cualquier deuda pendiente.
El mes pasado publicamos nuestra guía de gobierno societario para pymes con modelos de acta y clausulado listos para adaptar.
Cada sociedad tiene su reparto de poder, su forma de financiarse y su relación con los clientes. Un pacto genérico suele contradecir los estatutos y acaba siendo inaplicable justo cuando hace falta.
Antes de firmar, revisa que el pacto encaje con los estatutos inscritos en el Registro Mercantil y que las prestaciones accesorias estén bien recogidas.
Un pacto de socios bien redactado no evita las discrepancias, pero decide de antemano cómo se resuelven. Eso es lo que ahorra años de pleito.
Cada sociedad tiene su reparto de poder, su forma de financiarse y su relación con los clientes. Un pacto genérico suele contradecir los estatutos y acaba siendo inaplicable justo cuando hace falta.
Antes de firmar, revisa que el pacto encaje con los estatutos inscritos en el Registro Mercantil y que las prestaciones accesorias estén bien recogidas.


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